Una escapada gastropaisajística

¡Qué bien sienta una escapada al campo, incluso para los más urbanitas! Hace unos fines de semana, durante el breve otoño que ha dado paso a unas semanas más frías cogimos el coche y con sólo alejarnos a un par de horas de Barcelona ya estábamos disfrutando de un entorno privilegiado: la comarca del Alt Urgell, en Lleida.

vistas desde Ansovell

vistas desde Ansovell

Nos alojamos en La Seu d’Urgell, un cruce de caminos ancestral y una de las ciudades más importantes de la Cataluña medieval (si buscáis alojamiento rural en la zona encontraréis algunas buenas opciones en Escapadaural.com) Una vez instalados era visita obligada adentrarse en la catedral de Santa María, construida en el siglo XII y la única catedral románica que se conserva en Cataluña. La estupenda iluminación del templo es capaz de apartar de tu cabeza la sensación de austeridad y frío, transformándola en un lugar hermoso y agradable. Al margen de este edificio emblemático es muy recomendable darse un paseo por el casco viejo y si en algún momento se os abre el apetito os recomiendo comer en el restaurante Cal Teo, en la calle Pau Claris, 38. Os daréis cuenta de que el establecimiento es sencillo, pero la carta y el trato más que correctos.

Pero no perdamos el rumbo… que las ágapes hay que ganárselos y a muy poca distancia de la Seu d’Urgell hay varios pueblecitos que valen mucho la pena. Nosotros decidimos acercarnos hasta Ansovell, donde más que el pueblo en sí mismo, lo que vale mucho la pena es darse un paseo por uno de los caminos que arrancan desde allí. A pesar de que no hacía buen tiempo no pasamos nada de frío y ver el paisaje con esa bruma previa a la lluvia creaba una atmósfera muy especial. De allí nos dirigimos a Estamariu y Bescarán. En éste último, un perro al que bauticé como Rastreator nos guió hasta la puerta de un restaurante que sin duda fue el gran descubrimiento de ese fin de semana: La Canal. Era pequeño, muy familiar y estaba a tope. Tuvimos que esperar fuera mientras nos tomábamos un vino y la niebla empezaba a envolverlo todo. ¡Aquella espera también fue parte del encanto del momento! Después, al entrar, nos “cantaron” los platos del día y yo con los entrantes ya me di por satisfecha porque…¡madre mía que entrantes! Ensalada completita, embutido y queso hecho por los propietarios y un pan con tomate de los que sólo se prueba en sitios así. Para los que se atrevan a hacer hueco a algo más, el estofado de jabalí no tenía desperdicio. Y de postre un plato de “mel i mató” (miel y queso requesón) de los que te hacen saltar la lagrimilla. ¿Y sabéis cuánto nos costó todo aquello? pues menos de 40 euros (para 2 personas), incluyendo vino, agua, cafés y los licores de obsequio. En fin, que después de una comilona así, es mejor quemar energías dando otro paseo…y así ir abriendo boca para el siguiente festín.

Esperando mesa en La Canal

Esperando mesa en La Canal

Al día siguiente, siguiendo las recomendaciones de la oficina de información, decidimos regresar a Barcelona haciendo sucesivas paradas que hiciesen más agradable la vuelta a la rutina semanal. Por eso bordeamos el Parque del Cadí-Moixeró, uno de los lugares más espectaculares para disfrutar de los colores que la naturaleza nos regala en otoño. Ocres, granates, marrones y verdes…inundaban valles y montañas haciendo del propio trayecto todo un viaje. El objetivo era llegar hasta Oserra, localidad donde siete artesanos comercializan productos como mermeladas, quesos…e incluso esculturas. Nosotros fuimos directos a por el queso en la Formatgeria Serrat Gros y, aunque llegamos fuera del horario comercial, en la quesería (Formatgeria Serrat Gros) nos atendieron muy amablemente, explicándonos cómo era su vida dedicándose a producir queso con la leche de sus propias ovejas.¡Delicioso, por cierto!

Formatgeria en Oserra

Formatgeria en Oserra

Allí a su vez nos hablaron un alojamiento rural cercano (Cal Paller en Padrinàs) y de un restaurante en otro pueblo (Josà), Ca L’Amador, el mejor lugar para pegarse un homenaje. Pero eso será ya en una ocasión especial ya que el presupuesto sube a unos 40-50 € por personas y para nosotros la escapada tocaba ya a su fin. Uno de sus cocineros ha trabajado con Ferran Adrià y también en el restaurante del hotel Wela. Así que esta cita gastronómica la dejamos, sí o sí, pendiente para nuestra próxima vez. Además, al enfilar la carretera desde la que se divisa Josà, su sola estampa en lo alto de una montaña ya garantiza que se trata de un destino que seguro merece una visita. Y para acabar la jornada, un último consejo. Antes de pasar por Josà os recomiendo una parada en Tuixent, otro pueblito donde las vistas son dignas de una parada y fonda. Deteneros, respirad profundamente el aire más limpio que ha entrado en vuestros pulmones en mucho tiempo y tomaros un café rodeados de montañas antes de volver a la rutina de la ciudad. ¡Seguro que tendréis muchas cosas que comentar después de un fin de semana tan gastropaisajístico!

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