¿Mar o montaña?

¡¡¡Parece mentira!!!Llevo siglos sin escribir y no tengo excusa…¿o sí? La cuestión es que tengo muchas cosas que contar y tenía que empezar por alguna para recuperar a mi abandonado blog. Y he pensado que mi último fin de semana tenía chicha suficiente para plasmarlo en unas cuantas líneas. ¿Mar o montaña? Como si de un anuncio se tratara os hago una propuesta en la que no hay que renunciar a nada porque empieza cerca de Ripoll y acaba en la Costa Brava…¡y todo en el tiempo récord de un día y medio!

Cala Mateua en L'Escala

Illa Mateua en L’Escala

Todo empezó con mi personal tradición de abandonar Barcelona durante la noche de San Juan. Es una fecha en la que particularmente prefiero estar lejos del bullicio y los petardos y, por las fechas en las que estamos, la opción acaba siendo siempre un lugar de playa. Pero esta vez la escapada tomó un desvío previo a nuestro destino final, dirigiéndonos a una pequeña localidad cercana a Ripoll. El pueblecito en cuestión se llama Ogassa y consta básicamente de una calle principal que sube hasta una urbanización en plena montaña. Tenemos un amigo afortunado que se está construyendo una casa en la zona y quisimos pasar a saludar antes de dirigirnos a la costa.

El día era espectacular y el entorno precioso. Particularmente recomiendo una pequeña caminata de unos 45 minutos o una hora para recorrer tranquilamente la distancia que separa San Joan de les Abadesses de Ogasssa. Al comienzo de dicho trayecto hay un albergue muy propio para los ciclistas y junto a él una zona con campo de fútbol, columpios y un bar donde grandes y pequeños pueden entretenerse antes o después de esta pequeña excursión. El  camino hasta Ogassa recorre el trayecto que antiguamente hacía el material extraído de una mina cuyo objetivo era llevar el carbón hasta el mismo puerto de Barcelona. Aún hoy se pueden observar restos de cómo se las ingeniaban para mover las carretillas desde de una lado a otro. Al poco de empezar a andar se puede hacer un breve desvío hasta un pequeño salto de agua y, a partir de ahí, salvo dos tramos con algo más de pendiente, el camino es muy agradable. Pero lo mejor es que al final espera la más suculenta de las recompensas, un sencillo restaurante en el que por unos 20-30€ por cabeza se puede disfrutar de una buena comilona…de esas que tienen sabor auténtico: lechuga que sabe a lechuga y una fuente de embutidos en la que uno va cortando hasta que se aburre (y eso tarda en pasar, lo reconozco). El lugar se llama Can Costas y cualquier cosa que probéis valdrá la pena.

Manjares de Can Costa en Ogassa

Manjares de Can Costa en Ogassa

De ahí nos vamos a Sant Pere  Pescador, junto a L’Escala, pero aparentemente menos masificada que ésta. Nos alojamos en el sencillo pero más que correcto Hotel El Pescador. Nada más llegar tomamos rumbo a la  playa, que tiene un tamaño bastante considerable y que además estaba plagada de gente practicando kite-surf. A su alrededor, varios campings permiten otra opción de alojamiento en tienda de campaña, bungalows o caravana.Por la noche nos dejamos caer en la pizzería Can Trona, en la coquetona plaza del pueblo. No sé si fue la sensación de que hacía mucho que no comía pizza o que realmente estaba muy buena, pero salí de allí encantada de la vida. Después de llenar el estómago, rematamos la noche con un descubrimiento especialmente recomendable: Can Sorrer. Esta masía reconvertida en espacio de ocio (restaurante, bar de copas y lugar para asistir tanto a un concierto de jazz como a un festival de cortos) es una auténtica maravilla para las noches de verano. Su ubicación en medio del campo, el buen gusto de la decoración, la sensación de poder cenar como en un jardín de La Toscana…cualquier detalle te conquistaba. Mientras tomábamos un gin-tonic en este establecimiento situado entre Gualta i Torroella de Montgrí, un grupo tocaba un sonido bastante parecido a la psicodelia de los sesenta. Así, la noche más corta del año fue pasando sin darnos cuenta hasta que decidimos retirarnos… con ganas de volver muy pronto.

Al día siguiente, una mañana de playa en Cala Montgó y una comida ligera en un restaurante con estupendas vistas a Cala Mateua completaba nuestro día y medio fuera de casa. Sin duda había sido una de las salidas más exprés que recuerdo, pero a la vez también una de las más aprovechadas. ¡Espero que algún día sigáis mi ejemplo!😉

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  1. #1 por missmadaboutravel el julio 9, 2012 - 9:04 pm

    Por lo que leo, pasaste un San Juan estupendo… Realmente cuando nos alejamos del bullicio de la ciudad y nos paramos a disfrutar del tiempo y el espacio, los días saben mejor😉

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