Los próximos tres días

Hoy que se decide quién va a gobernar nuestros ayuntamientos en los próximos 4 años se me ha ocurrido hablar de una película que quizá no haya sido espectacular ni un taquillazo, pero a mí personalmente me gustó  porque creo que consigue hacer reflexionar sobre la justicia en nuestros días y el hasta dónde está dispuesto a llegar un ciudadano normal para defender sus derechos cuando nadie más lo hace. La película es Los próximos tres días y el hecho de que la protagonice Russel Crowe ya hace que, por lo menos, haya garantías de disfrutar de una buena interpretación.

Pues bien, nuestro amigo Russel es un padre de familia ejemplar de una familia también ejemplar, de esas que pintan tan bien en las películas norteamericanas y cuya estampa resulta a veces demasiado edulcorada. A la mujer de Russel (lo llamaré por su nombre real si no os importa) lo acusan de asesinato y, aunque a priori no se desvela de manera clara si es o no culpable, el espectador no puede evitar ponerse claramente de su parte en los desesperados intentos por demostrar su inocencia. La acción se desencadena y la impotencia del protagonista acaba convirtiéndole en el héroe que decide arriesgarse a tramar la fuga de su mujer. Para ello cruza una línea sin retorno, aunque en la película, parece que vale la pena.

Sin embargo mi reflexión es que, al meterte en esta historia, de lo primero que te das cuenta es que no se proyecta la misma rabia cuando encarcelan a un inocente que cuando se queda en libertad un culpable.  Quizá porque la justicia parece más ciega, lenta y torpe cuando debe castigar al que se lo merece que en los casos en que se cometen este tipo de errores. ¿Cuántos asesinos, violadores, pederastas… actúan libremente hasta que se consigue incriminarlos y encerrarlos? Y una vez encerrados, ¿cuánto tardan en salir? ¿Cuántas veces escuchamos en la televisión desgracias relacionadas con crímenes pasionales en los que las denuncias de las mujeres maltratadas fueron inútiles? ¿No dan ganas en estos casos de convertirse en un Russel Crowe y tomarse la justicia por la mano? La otra cara de la moneda es analizar con frialdad si realmente uno es capaz de cualquier cosa por lo que quiere. Es cuestión de saber si cada mañana puedes mirarte al espejo sin sentir vergüenza por lo que has hecho, estés en el lado de los “buenos” o de los “malos”, porque cuando se cruzan ciertos límites ya no existen esas clasificaciones.  Supongo que hay personas que, o están muy desesperadas o se han acostumbrado a esa visión corrupta de sí mismos, como si del retrato de Dorian Gray se tratase. En el caso de  este marido devoto su meta le hizo perder la perspectiva hasta tal punto que ni podía contar con la aprobación de esa mujer por la que luchaba.  Mientras lo ves en pantalla es fácil pensar: ¿qué le vas a decir a tu hijo cuándo te pregunte por qué has hecho algo así? En definitiva, mi moraleja es sencilla: una persona cegada hasta ese punto por un objetivo es esclavo de sus instintos y eso en el fondo lo hace más miserable. Así que…más allá de una película de acción ¡espero que no os crucéis con ninguno de ellos!

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