Cisne negro o el sacrificio por un sueño

A los que no hayáis visto aún la película no sé si deciros que sería preferible que leáis mi post después de hacerlo. No pretendo destripar el argumento, pero supongo que no podré evitar revelar ciertos aspectos que son mucho más interesantes cuando los descubre uno mismo. Sin embargo, para animaros a no perder la oportunidad de disfrutar de 103  minutos de buen cine os tengo que decir que saldréis de la sala con una sensación muy intensa que en ningún caso podrá dejaros indiferentes. Y es que gracias a una soberbia Natalie Portman podréis llegar a conocer la parte más oscura de un espectáculo tan bello como el ballet artístico.

La protagonista de este film (Nina) encarna magistralmente el espíritu de sacrificio de una profesión que es tan hermosa en su representación estética como cruel en la manera de materializar el éxito. Inquietante y bien construída, la historia deja que el espectador descubra por sí mismo lo que a priori sólo sospecha. ¿Qué se esconde bajo la fragilidad extrema puesta al servicio de una obsesión? Pues todo lo contrario, una irracional fortaleza para avanzar hacia un objetivo vital, sin mirar atrás, sin remordimientos, sin capacidad para preservar la propia integridad. ¿Cuántas veces cualquiera de nosotros hacemos locuras por perseguir un sueño que nos acaba destruyendo? El equilibrio entre una valiosa fuerza de voluntad y una peligrosa tenacidad es a veces muy sutil y sólo nos damos cuenta cuando llegamos a la meta exhaustos, comprobando que, quizá, no valía la pena luchar tanto por alcanzar una perfección tan efímera. Y esta reflexión es ineludible cuando entiendes el mensaje final de la historia, porque… ¿seremos capaces de seguir siendo perfectos para siempre? Y si esa perfección está asociada a la juventud ya  la belleza, ¿nos aceptaremos cuando desaparezcan?

Por otro lado, la claustrofóbica relación de Nina con su madre también te hace dudar.Finalmente no sabes si considerarlo un acto de protección necesario para poder cuidar de alguien que no sabe cuidarse o, por el contario, si en parte es la causa de los problemas mentales de la bailarina. También el carácter del director de la compañía de ballet se pasea entre un claroscuro de vibraciones: negativas en torno a su faceta de seductor y positivas como la de maestro que pretende arrancar rasgos de humanidad de su pupila.

Darren Aronofsky ha conseguido que todo gire en torno a un juego de luces y sombras, el del bien y el mal, el de la represión y el deseo, el del cisne blanco y el cisne negro. Para completarlo, aún sin entender de ballet y sin que tan siquiera te guste, no podrás evitar contemplar con emoción la respresentación del estreno de El Lago de los Cisnes, donde todo llega al clímax de belleza y dolor.

Por último y en contraste con un drama tan intenso como el descrito, me gustaría añadir una nota personal de humor que no puedo evitar citar por si alguno coincide conmigo. Me refiero a la guasa que tiene el hecho de que Natalie Portman le robe ciertos objetos a la que considero mi cleptómana favorita de Hollywood: Winona Ryder.

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