Un lugar para sentirse privilegiado

Este fin de semana pasado he tenido la suerte de alojarme en el Castell d’Empordà. Y ahora que empiezo a escribir sobre la experiencia casi me da la sensación de que diciendo esto y colgando el link a su web quedaría todo dicho. Y es que no hacen falta muchas palabras para describir lo obvio, pero…voy a esforzarme todo lo que pueda en transmitir qué podéis encontraros si elegís este pequeño paraíso para pasar unos días de descanso.

Castell d'Empordà

De entrada se trata de un castillo que en 1999 adquirió el holandés Albert Diks (muy amable, por cierto), un amante del paisaje catalán desde sus veraneos en familia por estas tierras. Después de emplear año y medio en una gran reforma lanzó al mercado una propuesta hotelera con forma de aventura, sueño y desafío. Su hotel de 4 estrellas cuenta sólo con 38 habitaciones entre las cuales incluso hay opción a alojarse en la mismísima torre fortificada. Eso sí, confío en que no seáis de los olvidadizos porque si os instaláis en el torreón y cuando salís a dar un pasero os dáis cuenta que olvidásteis algo en la habitación, no os quedará más remedio que hacer pierna subiendo todos aquellos peldaños…como en los viejos tiempos, ¡nunca mejor dicho!

Castell d'Empordà vista desde el torreón

Os podéis imaginar cómo me sentía yo, una amante de la historia y en particular la Edad Media, en medio de todo este entorno. Pero sin duda cualquiera de vosotros habría disfrutado de las incomparables vistas que ofrecen las habitaciones, de la amabilidad del servicio y, si os animáis, incluso de la deliciosa gastronomía que ofrece su restaurante.

Sólo algunos detalles más para animaros a hacer una escapada especial a este rincón mágico: en la propia finca hay un paseo por el bosque muy agradable y nada excesivo, y como curiosidad podréis encontrar una increíble maqueta de la batalla de Waterloo que da ganas de pasarte horas observando cada uno de sus detalles. Además, tengo que deciros que ni en el Castell tuve que renunciar a mi afición cinéfila, ya que te cedían películas de dvd para ver en tu habitación a cambio de un depósito de 20 euros retornable. Y para completar vuestra estancia no dudéis en acercaros a Peretallada, Pals, Ullastret o Palau-Sator. Son localidades cercanas que valen la pena. Yo tuve la suerte de disfrutarlos sin apenas turistas, aunque sufriendo en algunos establecimientos  los mismos precios que en temporada alta

Vistas desde la habitación Castell d'Empordà

 

En fin…que estoy deseando volver al Castell d’Empordà, el castillo que en 1973 quiso comprar Dalí. La asignatura pendiente es hacerlo cuando haga buen tiempo, ya que la espléndida piscina (de un tamaño muy respetable) y la zona chill out que la rodea es una tentación demasiado grande como para no querer volver a sentirse privilegiada.

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